Martes, 05 Septiembre 2017 16:00

Crisis del tomate es señal del fracaso de la gestión pública

La crisis de la agricultura familiar en Paraguay se vuelve a sentir esta semana en el precio de un componente básico de la canasta familiar. La falta de producción de tomate se traduce en una oferta limitada y el consiguiente aumento de los precios para el consumidor de la ciudad. A la par, el contrabando no cesa. El resultado es pobreza en el campo y encarecimiento para la ciudad. Mientras, las políticas dirigidas al sector tienen escaso impacto, haciendo que el clima ejerza una influencia exagerada que podría haberse prevenido con una mejor gestión pública.

Los discursos exitistas y la falta de autocrítica sobre la gestión de las políticas agropecuarias dirigidas a la agricultura familiar contrastan con la importante cantidad de recursos que maneja el Ministerio de Agricultura, las demandas insatisfechas del sector campesino, el estancamiento en la reducción de la pobreza rural, el aumento de los precios de los alimentos en las ciudades y el alto impacto de las inclemencias climáticas que podrían haberse prevenido o mitigado con buenas políticas públicas.

A esto se suma la incapacidad de otro sector gubernamental de controlar la entrada ilegal de productos, que en este caso particular, afecta al tomate. El decomiso de las mercaderías, si bien refleja que hay acciones con resultados también muestra que hay problemas de control en las zonas fronterizas.

Las autoridades deberían preguntarse cómo es posible que Paraguay pueda producir alimentos de exportación para millones de personas o en realidad de animales, pero no puede producir alimentos básicos para su propia población.

Ya sea con políticas de apoyo directo, exoneraciones tributarias, bajos impuestos, o simplemente dejando hacer sin controlar el cumplimiento de las normas laborales, ambientales, tributarias o vinculadas a la tierra, el Estado paraguayo ha sido exitoso en la producción de bienes para el consumo externo.

Sin embargo, desde hace años las familias enfrentan el problema de los altos costos de bienes provenientes de la agricultura y que son básicos en la cultura gastronómica nacional. Productos frutihortícolas como cebolla, tomate, papa, locote, naranja, entre otros figuran en la lista de bienes importados legalmente o de contrabando.

Es incomprensible que existiendo instituciones con recursos como el MAG, el Indert, el CAH, el BNF, IPTA y otras más que complementan las competencias centrales de las primeras citadas todavía sea un problema en Paraguay la producción de tomate para el consumo interno. No solo denota la falta de voluntad política sino también la ineficacia de la burocracia que permanece en esas instituciones desde tiempos históricos cobrando sus salarios sin mostrar resultados.

La situación de la agricultura familiar viene en retroceso desde mucho tiempo atrás, por lo cual no sería justo otorgarle a la actual gestión la responsabilidad absoluta. Pero es cierto que este Gobierno cuenta con más recursos económicos que nunca y sus autoridades mayor poder que otros gobiernos para impulsar medidas internas en cada institución así como alianzas con los gobiernos departamentales y municipales que también reciben del Gobierno Central cada vez más fondos.

Si la actual gestión le diera la misma relevancia a la producción de alimentos que les da a las grandes obras de infraestructura, posiblemente la situación no hubiera sido tan negativa como la que se viene observando.

Esperemos que las autoridades del ámbito, al menos como parte de una estrategia electoralista para ganar votos, asuman su responsabilidad y en el mediano plazo se empiecen a ver resultados en la producción de alimentos.

Fuente: Ultima Hora




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